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La reacción de los galaicorromanos frente a los invasores suevos fue uno de los problemas sociales más importantes vividos durante el proceso de suplantación de las estructuras políticas del poder romano.

Los suevos, en clara minoría frente a los galaicorromanos pero más preparados militarmente, ocuparon los lugares estratégicos, sobre todo en los grandes núcleos urbanos, de ahí que su influencia fuese mayor de lo que hubiese cabido esperar a la vista de su reducido número.

Hidacio nos habla de una fuerte oposición desde ciudades y castros. También hace referencia a la huida de las clases privilegiadas al campo en busca de lugares seguros, mientras las clases más desfavorecidas buscaban refugio en las ciudades.

No obstante la resignación y aceptación de los invasores fue la respuesta mayoritaria y de este modo la relación social de dependencia continuaba, aunque ahora eran los suevos, en lugar de Roma, los que la ejercían.

Uno de los grupos más hostiles hacia el nuevo poder, la aristocracia, basaba su rechazo en la defensa del modelo romano al que pertenecían, ya que a sus ojos los pueblos germánicos no eran más que civilizaciones primitivas que no buscaban sino la destrucción de un elemento esencial del mundo clásico, su cultura.

Hidacio relata continuos enfrentamientos y las súplicas enviadas al emperador solicitando su mediación, sin embargo el paso de los años y la anarquía existente condujeron a suevos y la aristocracia galaicorromana a un punto de encuentro que, posteriormente con la caída del Imperio Romano en el año 476, se transformaría en colaboracionismo.

De este modo los suevos aumentaban sus posibilidades de controlar Gallaecia, y la aristocracia galaicorromana se aseguraba la conservación de los privilegios que el Imperio le había concedido.